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7/11/09
12/4/09
Vago uso de la pasiva.
A veces hay un hombre, no diré un héroe porque... ¿qué es un heroe?; a veces hay un hombre que es el hombre de ese momento y ese lugar: está en su sitio.
El Gran Lebowski.
El momento justo, la persona justa, la credibilidad exacta y la fuerza necesaria... Todos, básicos requisitos del "irá bien"
Respeto, no nos olvidemos del respeto.
19/3/09
Grandes pequeñeces y tiempo.
5. Tiempo, para no perderlo con nada ni nadie y, de haberlo perdido:
6. Perseverancia, para no perder el tiempo.
Tell me what it is, it isn’t fair but I’m wasting time, cos it isn’t my heart, it isn’t my fault and every situation understands, well, the anecdote of chasing the locations to your doors…
’cos I’m wasting time, I’m wasting money again and all the cigarettes that I have never smoked… and all the letters that I have never sent.
He was sitting by the swimming pool but he was scared, ’cos it wasn’t his time and it wasn’t his chance. Getting older’s not been on my plans… but it’s never late, it’s never late enough for me to stay…
’cos I’m wasting time, I’m wasting money again and all the cigarettes that I have never smoked… and all the letters that I have never sent.
9/3/09
Grandes pequeñeces y Elliot Reid.
19/12/08
Por y para...
Navidad.
Estado de armonía y satisfacción ante un cúmulo de días diáfanos, efímeros pero reconfortantes. Armonía gloriosa en el ambiente y vibraciones relajantes. Encuentros en terceras fases, saludos, sonrisas y vuelta a empezar. Todo ello en el supuesto de, o lo que es lo mismo, en una burbuja gigante, hermética, que simula un modo de vida perfecta aunque aislada.
Estado de armonía y satisfacción ante un cúmulo de días diáfanos, efímeros pero reconfortantes. Armonía gloriosa en el ambiente y vibraciones relajantes. Encuentros en terceras fases, saludos, sonrisas y vuelta a empezar. Todo ello en el supuesto de, o lo que es lo mismo, en una burbuja gigante, hermética, que simula un modo de vida perfecta aunque aislada.
¿La realidad? Veinte días de preparación masiva con resultados más que difusos.
¿Las consecuencias? Convertir todo lo previamente conocido en algo desconocido que se conoce muy bien.
Imagen: armonía en esencia.
7/11/08
Respiramos ignorancia...

Cierto que hay cabezas refractarias para la labor experimental, y entre ellas contamos todas las incapacidades de atención prolongada y exentas de curiosidad y de admirabilidad por las obras de la Naturaleza. Pero la inmensa mayoría de los que se confiesan incapaces, ¿lo son positivamente? ¿No exageran, tal vez, las dificultades de la empresa y la penuria de sus aptitudes? Tal creemos, y añadiremos aún que muchos toman habitualmente por incapacidad la mera lentitud del concebir y del aprender, y a veces, la propia pereza o la falta de alguna cualidad de orden secundario, como la paciencia, la minuciosidad, la constancia, atributos que se adquieren pronto con el hábito del trabajo y con la satisfacción del éxito.
(…)
En vez de distinguir los entendimientos en grandes y pequeños, fuera preferible y más exacto (al menos en muchos casos) clasificarlos en lentos y rápidos. Los entendimientos rápidos son ciertamente los más brillantes y sugestivos, son insustituibles en la conversación, en la oratoria, en el periodismo, en toda obra en que el tiempo sea factor decisivo, pero en las empresas científicas los lentos resultan tan útiles como los rápidos, porque al científico, como al artista, no se le juzga por la viveza del producir, sino por la excelencia de la producción. Aun osaríamos añadir que, por una compensación muy común, las cabezas lentas poseen gran resistencia para la atención prolongada, y abren ancho y profundo surco en las cuestiones, mientras que las rápidas suelen fatigarse pronto, después de haber desbrozado apenas el terreno.
Santiago Ramón y Cajal – Reglas y consejos sobre investigación científica. Los tónicos de la voluntad.
Esto no es Jauja, no…
Imagen: (no) dejarnos llevar…, por sugar.
(…)
En vez de distinguir los entendimientos en grandes y pequeños, fuera preferible y más exacto (al menos en muchos casos) clasificarlos en lentos y rápidos. Los entendimientos rápidos son ciertamente los más brillantes y sugestivos, son insustituibles en la conversación, en la oratoria, en el periodismo, en toda obra en que el tiempo sea factor decisivo, pero en las empresas científicas los lentos resultan tan útiles como los rápidos, porque al científico, como al artista, no se le juzga por la viveza del producir, sino por la excelencia de la producción. Aun osaríamos añadir que, por una compensación muy común, las cabezas lentas poseen gran resistencia para la atención prolongada, y abren ancho y profundo surco en las cuestiones, mientras que las rápidas suelen fatigarse pronto, después de haber desbrozado apenas el terreno.
Santiago Ramón y Cajal – Reglas y consejos sobre investigación científica. Los tónicos de la voluntad.
Esto no es Jauja, no…
Imagen: (no) dejarnos llevar…, por sugar.
21/10/08
Las palabras más bonitas de nuestro idioma son...

Sólo había una mujer que no tenía los ojos tapados porque los llevaba arrancados en una bandeja de plata.
José Saramago – Ensayo sobre la ceguera.
Siempre habrá un momento de eclosión en que decidir seguir o estar será el punto clave. Escoge un punto fijo en el aire y quédate mirándolo durante un rato hasta que la imagen que llevas en mente se vuelva constante, anclada en el espacio. Luego decide qué es lo que ves.
Imposible no dejarse influenciar por lo inmediatamente escuchado y vivido e imposible ser guiado por la auténtica verdad o el auténtico sentimiento. Puede que ambos no existan.
José Saramago – Ensayo sobre la ceguera.
Siempre habrá un momento de eclosión en que decidir seguir o estar será el punto clave. Escoge un punto fijo en el aire y quédate mirándolo durante un rato hasta que la imagen que llevas en mente se vuelva constante, anclada en el espacio. Luego decide qué es lo que ves.
Imposible no dejarse influenciar por lo inmediatamente escuchado y vivido e imposible ser guiado por la auténtica verdad o el auténtico sentimiento. Puede que ambos no existan.
Imagen: fin y equilibrio, por sugar. [... y sólo un mes]
13/10/08
Soy un monstruo muy pulcro.
Veía detrás de los ojos, detrás de las palabras, en particular de los míos, tan transparentes.
(...) tendría que revelarle la verdad, es decir, que el pintor que habitó en mí había muerto; que el hecho de haber pintado mil cuadros no significaba que pudiera pintar mil uno.
Miguel Delibes – Señora de rojo sobre fondo gris.
La trascendencia de las grandes cosas en comparación con los detalles simplistas hace que el estado actual se comprenda francamente mejor, o puede que no, que oculte la verdad hasta que ésta sea enterrada; aunque exista.
Imagen: somos ……… en potencia.
(...) tendría que revelarle la verdad, es decir, que el pintor que habitó en mí había muerto; que el hecho de haber pintado mil cuadros no significaba que pudiera pintar mil uno.
Miguel Delibes – Señora de rojo sobre fondo gris.
La trascendencia de las grandes cosas en comparación con los detalles simplistas hace que el estado actual se comprenda francamente mejor, o puede que no, que oculte la verdad hasta que ésta sea enterrada; aunque exista.
Imagen: somos ……… en potencia.
2/10/08
Nitidez.

No obstante, es ahora, a cosa pasada, cuando deploro mi mezquindad. Es algo que suele suceder con los muertos: lamentar no haberles dicho a tiempo cuánto los amabas, lo necesarios que te eran. Cuando alguien imprescindible se va de tu lado, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales. Ensimismado en su tarea, uno cree, sobre todo si es artista, que los demás le deben acatamiento, se erige en ombligo del mundo y desestima la contribución ajena. Pero, un día adviertes que aquel que te ayudó a ser quien eres se ha ido de tu lado y, entonces, te dueles inútilmente de tu ingratitud. Tal vez las cosas no puedan ser de otra manera, pero resulta difícilmente tolerable. La imposibilidad de poder replantearte el pasado y rectificarlo, es una de las limitaciones más crueles de la condición humana. La vida sería más llevadera si dispusiéramos de una segunda oportunidad.
Miguel Delibes – Señora de rojo sobre fondo gris.
Continúan ahí todas esas frases dichas que se convierten en tópicos y que, en el momento de usarlas de forma verdadera, sirven de poco porque están sometidas a tantas segundas intenciones, a tantas etiquetas que, directamente, las desechamos; puede que eso sea bueno o puede que no sea otra cosa que una burla más del tiempo. Día a día.
Imagen: “imagina que te pinto yo a ti un sol radiante y lo pongo delante para cuando no estés.” Boca, por sugarrrrrrrr.
Miguel Delibes – Señora de rojo sobre fondo gris.
Continúan ahí todas esas frases dichas que se convierten en tópicos y que, en el momento de usarlas de forma verdadera, sirven de poco porque están sometidas a tantas segundas intenciones, a tantas etiquetas que, directamente, las desechamos; puede que eso sea bueno o puede que no sea otra cosa que una burla más del tiempo. Día a día.
Imagen: “imagina que te pinto yo a ti un sol radiante y lo pongo delante para cuando no estés.” Boca, por sugarrrrrrrr.
26/8/08
Born illegitimately to a whore, most likely.

All those beautiful boys. Pimps and queens and criminal queers.
All those beautiful boys. Tattoos of ships and tattoos of tears.
His greatest love was executed. The pure romance was undisputed.
His greatest love was executed. The pure romance was undisputed.
Angelic hoodlums and holy ones.
Cocorosie – Beautiful Boyz.
Cocorosie – Beautiful Boyz.
Tan difícil es no engañarnos a nosotros mismos como querer no engañarnos a nosotros mismos.
Imagen: Cocorosie.
20/8/08
Shine on.
Well I’ve been thinking ‘bout the future but I'm too young to pretend. It's such a waste to always look behind you. Should be lookin' straight ahead.Yeah, I’m gonna have to move on before we meet again.
Take control.
'Cause every once in a while. You think about if you’ re gonna get yourself together. You should be happy just to be alive and just because you just don't feel like comin' home don't mean that you'll never arrive.
Jet - Move on.
Pensaron que únicamente los veían a ellos...
Imagen: Jet.
14/8/08
Perenne.
Lucía Etxebarría - Un milagro en equilibrio.
Perenne. El aire contaminado cubría toda la zona y los árboles corrían a encontrarse con el cielo que, solemne, mostraba los peligros cotidianos a los que se enfrentaban todos. En el suelo, un manto de hojas en proceso de putrefacción contribuía a construir las bases sobre las que todos los miedos se aposentarían. Un camino cubierto de hierbas (té, menta) dirigía sus pasos hacia la puerta del hospital. Uno de ellos alzó sus manos para sentir el viento, gélido, introducirse por cada recoveco de su piel. Segundo a segundo pensaban en todo aquello que superarían, a lo que se enfrentarían con el paso del tiempo. Día a día o puede que año tras año, sufrirían y dejarían atrás todos los buenos momentos pasados con sus seres queridos.
Frente a la puerta del hospital, cuatro niñas jugaban con un balón roído y sucio. Casi todos se habían dado la vuelta y les habían sonreído, simple gozo por verlas disfrutar. Uno de ellos, fuerte, abrió la gruesa y fría puerta de aluminio para inmediatamente entrar en el ascensor. Cuarta, quinta, sexta, no conseguía recordar la planta a la que varias veces al día se dirigía desde hace cuatro meses, cuando aquel sidecar llevó por delante a su hija de ocho años. Mientras ascendía por aquellas cuatro estrechas paredes que le harían desafiar aquello de lo que ansiaba escapar, pensaba en cómo el tiempo cambia, cómo los hechos transforman las situaciones placenteras a pesar de que a lo largo de su vida las desgracias inundaran cada mes del año hasta convertir sus minutos en dulce agonía. Luego pensó en la suerte, que acompaña a los hombres desde tiempos inmemorables y que parecía haberse olvidado de él que se encontraba allí, rodeado de dos batas blancas y tres mujeres angustiadas por el peso de sus ojeras. Pensó también en su hija, en su suerte y pensó, además, en su compañero de trabajo, el que había hecho que lo despidieran y que había ocupado su puesto cobrando una fortuna al mes mientras que él allí se encontraba después de haber preparado su desayuno, solo, porque su mujer había muerto en un accidente de tráfico dos años atrás. Pensó que ya no quería subir más, en parar el ascensor. Automáticamente, una de sus manos tocó la gélida pared mientras que la otra se adhirió a una de las batas blancas que, de inmediato, desvió toda su atención hacia el suceso.
Dos horas después, ya reconfortado por los calmantes y bien despierto, fue informado de la trágica noticia. Su hija había fallecido. Era de esperar.
Al rato, recogió sus cosas y salió por la imponente puerta del hospital. Observó de nuevo a aquellas niñas. Faltaba una.
En el tren, escudriñó cada palabra que había oído, analizó cada minuto de aquel infestado día. Pensó que de no ser por el accidente, el de su hija, nunca hubiera podido analizar tan exhaustivamente su vida, nunca se habría fijado en los pequeños detalles y nunca hubiera sido capaz de sentir a los demás, de comprenderles, de escucharles. Entendió que una gran desgracia nos hace hipersensibles y nos hace madurar tan de súbito que a penas podemos darnos cuenta del cambio. Suspiró.
Nunca había disfrutado de la felicidad que los demás decían sentir pero pudo conformarse; conformarse con la satisfacción de haber creado una pequeña familia a pesar de que ahora lamentara el hecho de no haber sido consciente de cada paso dado, cada decisión tomada a lo largo de su vida. La suerte nunca fue su fiel seguidora. Nunca se había percatado de la frialdad que la alegría hacía sentir a la gente pero jamás hubiera imaginado que la consciencia iba acorde con el sentimiento de ahogo y frustración que cubría su cuerpo. Sin embargo, concretó que ya no era tiempo de preguntar por qué. Ley de vida…
Frente a la puerta del hospital, cuatro niñas jugaban con un balón roído y sucio. Casi todos se habían dado la vuelta y les habían sonreído, simple gozo por verlas disfrutar. Uno de ellos, fuerte, abrió la gruesa y fría puerta de aluminio para inmediatamente entrar en el ascensor. Cuarta, quinta, sexta, no conseguía recordar la planta a la que varias veces al día se dirigía desde hace cuatro meses, cuando aquel sidecar llevó por delante a su hija de ocho años. Mientras ascendía por aquellas cuatro estrechas paredes que le harían desafiar aquello de lo que ansiaba escapar, pensaba en cómo el tiempo cambia, cómo los hechos transforman las situaciones placenteras a pesar de que a lo largo de su vida las desgracias inundaran cada mes del año hasta convertir sus minutos en dulce agonía. Luego pensó en la suerte, que acompaña a los hombres desde tiempos inmemorables y que parecía haberse olvidado de él que se encontraba allí, rodeado de dos batas blancas y tres mujeres angustiadas por el peso de sus ojeras. Pensó también en su hija, en su suerte y pensó, además, en su compañero de trabajo, el que había hecho que lo despidieran y que había ocupado su puesto cobrando una fortuna al mes mientras que él allí se encontraba después de haber preparado su desayuno, solo, porque su mujer había muerto en un accidente de tráfico dos años atrás. Pensó que ya no quería subir más, en parar el ascensor. Automáticamente, una de sus manos tocó la gélida pared mientras que la otra se adhirió a una de las batas blancas que, de inmediato, desvió toda su atención hacia el suceso.
Dos horas después, ya reconfortado por los calmantes y bien despierto, fue informado de la trágica noticia. Su hija había fallecido. Era de esperar.
Al rato, recogió sus cosas y salió por la imponente puerta del hospital. Observó de nuevo a aquellas niñas. Faltaba una.
En el tren, escudriñó cada palabra que había oído, analizó cada minuto de aquel infestado día. Pensó que de no ser por el accidente, el de su hija, nunca hubiera podido analizar tan exhaustivamente su vida, nunca se habría fijado en los pequeños detalles y nunca hubiera sido capaz de sentir a los demás, de comprenderles, de escucharles. Entendió que una gran desgracia nos hace hipersensibles y nos hace madurar tan de súbito que a penas podemos darnos cuenta del cambio. Suspiró.
Nunca había disfrutado de la felicidad que los demás decían sentir pero pudo conformarse; conformarse con la satisfacción de haber creado una pequeña familia a pesar de que ahora lamentara el hecho de no haber sido consciente de cada paso dado, cada decisión tomada a lo largo de su vida. La suerte nunca fue su fiel seguidora. Nunca se había percatado de la frialdad que la alegría hacía sentir a la gente pero jamás hubiera imaginado que la consciencia iba acorde con el sentimiento de ahogo y frustración que cubría su cuerpo. Sin embargo, concretó que ya no era tiempo de preguntar por qué. Ley de vida…
But you were a boxing champ, and I was a weakling. You didn't give me a chance, you gave me a beating and I thank you very much that you did.
The man I became is a tragic bore and he's not a boxing champ anymore. If there's one thing i've learnt it's to run away. At least, I enjoy what I do today and I thank you very much that I do.
Kaiser Chiefs - Boxing Champ.
Imagen: gracia(s).
5/8/08
Desequilibrio.
27/6/08
No contradicción.

Introducidas en un ciclo productivo están todas las palabras. Entran formando parte de un producto completo y salen a modo de materia prima tras un proceso de parcial transformación, a veces absoluta.
Sería agradable conocer el límite máximo al que llega nuestra capacidad de cambio, plasmada en palabras, y también la capacidad de engaño a través de las mismas. Es indudable que no somos culpables porque no somos capaces de difundir palabras con total conformidad o al menos no es una conformidad absoluta y universal. Cambia por momentos, por horas o temporadas y lo que un día defendemos con inquebrantable seguridad, al poco, no al día siguiente, se convierte en desperdicios. La clave está en afirmar que para llegar al cambio hubo de haber un proceso de cambio; a veces, invisible, paulatino pero existente.
Lo ridículo e inevitablemente simpático es que continuaremos asegurando en balde y siendo presas de nuestros miedos, nuestras emociones, nuestra conciencia, nuestro saber estar y, como complemento, también de los miedos, de las emociones, de la conciencia y del saber estar de aquellas personas con las que nos relacionamos y gracias a las cuales, para bien o para mal, somos personas, engañadas pero existentes.
[Cogito, Cogito...]
Las palabras más bonitas de nuestro idioma no son te quiero, sino es benigno.Woody Allen - Desmontando a Harry.
Imagen: son balas, por omerbalyali.
28/5/08
Corazón.
Olvidado ya lo que iba a ser escrito. Palabras sumergidas en un ciclo de más palabras. Unas técnicas, sensatas; otras, estúpidas. Leo y releo ambas para prevenir, para prevenir lo hipotético o lo imposible. Eso nunca está de más. Así se fortalecen los sentidos y el afán de aguantar porque nunca seremos invencibles pero puedo que sí incorruptibles. Para entenderlo, se debe empezar por modificar las etiquetas y si quieres (no quieres y no puedes), ver más allá.
Límites que sólo unos pueden traspasar sin perecer. Límites que duelen. Límites que se irán afrontando.
Imagen: corazón.
19/5/08
Me hago mi bocadillo.
Yo digo mi nombre, te canto y, si quieres, te vas. Y así me va.
Viviendo del folio del presentimiento de que algo bonito está por llegar, rezando a la muerte de los presidentes, creyendo en la buena gente y poco más... Y así me va.
Pedazo de cielo en la cuadra de cuerdo descanso entre locos q vienen y van. Malditos cimientos que callan para otorgar. Roto el bendaje, soltando lastre.
Albertucho - Así me va.
Embargados por un exceso de oxígeno tras atragantones y muertes constantes. Me muero y luego resucito peor. Ahora vivo y me sobra el aire. No puedo con la sensación de vértigo que produce esta satisfacción.
Imagen: ya, ya sale.
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